
Ayer nos llamaron y nos dijeron que el 28 de febrero tenemos que estar en Moscú y un día después partimos para la tierra soñada Chita, donde nos esperan los peques. Según las horas pasamos cerca de dos días sin dormir y metidos en aviones, debido al cambio horario tan brutal que tendremos que pasar. Estamos como locos con los preparativos, sobre todo con la ropa de abrigo que por poco me quedo sin nada. Menos mal que en Granada tenemos Sierra Nevada y hay de todo para el frío y la nieve. Ya lo tenemos todo listo (ropa térmica, cortavientos, gorros, guantes, botas etc....). Me faltan algunas comprillas más, pero poca cosa. Estoy todo el día con la lista en las manos. Hoy ya hemos abierto la maletas y hemos empezado a llenarlas, Dios mio gracias!!! he soñado tantas veces con esto que ahora estoy en una nube de la que no quiero nunca bajar. Nada más levantarme lo primero que hago es ver sus caritas y darles los buenos días. Tengo las fotos desgastadas de tanto mirarlas y besarlas. Sueño con ellos y ya no podría pasar la vida sin mis tesoros. Ahora mientras estoy escribiendo me vuelvo a emocionar. Estoy afónica porque lloro por todo, pero es de la alegría tan inmensa que llena mi corazón. Esto es lo mejor que te pueda pasar en la vida. Atrás queda todo lo malo. Ahora nuestros hijos son una realidad y en 16 días los estaremos abrazando. Quiero deciros que todo lo que tengamos que pasar vale la pena porque esto es indescriptible, y todavía no los tengo aquí conmigo!!
Estoy leyendo todo el material pedagógico que encuentro sobre las edades de mis niños y sus necesidades. También he empezado a interesarme por los colegios, ya que los tengo que matricular en marzo, aunque vayan al cole mucho más tarde. En fin, ahora el aburrimiento ya no existe en nuestras vidas.
Mis padres están como locos. Nos están ayudando en todo. Van a ser unos abuelos magníficos. Los titos ni te cuento y la gente nos está apoyando y animando en todo momento. No me podía imaginar lo queridos que son mis hijos. Gracias a vosotros por estar siguiendo esta historia y por vuestros ánimos, significan mucho para nosotros.
En cuanto tenga otro ratito os seguiré contando.
Victoria y Simón, hijos de mi corazón, nos queda muy poquito para abrazarnos.