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sábado, 12 de diciembre de 2009

Ded Moroz, Abuelo frío


A menudo representado en abrigo azul o rojo con una larga barba blanca, botas de fieltro y un palo largo en la mano. Pasea en un trineo de caballos .

La figura central de la fiesta es Дед Мороз se pronuncia Ded Moroz que significa (Santa Claus, Papa Noel) que se traduce como Abuelo Frío (*). Tiene una particularidad. En Rusia Abuelo Frío viene en trineo con tres caballos blancos, toca la puerta y entra con un enorme saco, lleno de regalos. El Abuelo Frío viene con su nieta que se llama Snegurochka (Nieves o Nievecita). Snegurochka es de nieve y vive con su abuelo en Siberia. La fiesta del Año Nuevo tiene sabor a mandarinas (ya que para la Unión Soviética era una fruta super exótica y se vendía muy poco y sólo en invierno).

Los niños tienen vacaciones del 28 de Diciembre hasta el 10 de enero. Es la temporada de muchas fiestas públicas que se llaman "Yolka" (Abeto). Son conciertos, espectáculos, dónde todo se gira alrededor de un Abeto. El Abeto Principal se celebra en Kremlin. Es un honor recibir la invitación para visitar esta fiesta (los mejores alumnos se eligen por todo el país y van allá). El principal Abuelo Frío se elige con un mes de antelación. En las ciudades se preparan pistas de patinaje.

La principal la organizan en La Plaza Roja. El 31 de Diciembre cada familia prepara mucha comida exquisita para esta fiesta con toda la anchura del alma rusa: las mesas están cargadas con toneladas de ensaladas, carne, caviar, ríos de vodka, champán, muchas frutas, dulces. (La familia sigue dos semanas comiendo lo que ha preparado para una cena).

viernes, 11 de diciembre de 2009

Babushka



En Rusia la tradición cristiana se cortó tras la revolución y por muchísimos años se prohibieron los ritos religiosos, sin embargo algunas de las antiguas tradiciones han perdurado dentro de la cultura popular.

Cuenta la leyenda.....

Babushka tenía la casa más limpia, pulcra y mejor conservada de todo el pueblo. Su jardín era hermosísimo; la cocina, algo nunca visto. Desde que salía el sol hasta que se ocultaba en el poniente, Babushka no hacía más que limpiar, sacar brillo y ordenar.

Tal es la razón de que no viera una luminosa estrella que fulgió en la noche. Ni vio las temblorosas luces que avanzaban hacia el pueblo. Ni percibió el sonido de las zampoñas, tambores y campanas, que cada vez era más fuerte. Tampoco oyó las voces y murmullos de sus vecinos. Pero cuando llamaron a su puerta, eso no pudo dejar de oírlo. '
«¿Quién es?», preguntó, entreabriendo el portal. Vio la enjuta cara de un pastor, con la nariz roja de frío y copos de nieve en la boina.
«Por favor, ¿podemos calentarnos un poco en tu fuego,», pidió el pastor.

Babushka pensó en el brillo de sus suelos y en la tranquilidad rota, pero los dejó entrar. A los pastores se les saltaban los ojos al contemplar aquel pan casero y aquellos dulces, mermeladas y conservas de Babushka. Y ella, que tenía un corazón de oro, los agasajó con todos aquellos bienes.

«¿Dónde vais?», preguntó mientras servía a unos y otros.
«Seguimos una estrella. Nos lleva hacia un rey que acaba de nacer, el rey más grande de cuantos han nacido, el rey de cielo y tierra», respondió un pastor.
«¿Por qué no vienes con nosotros?», dijo otro. "También tú le puedes llevar un regalo.»
«No estoy segura de que me reciba bien», dijo Babushka... «Yen cuanto al regalo... », hizo una pausa. Sus ojos se pusieron tristes.
«Tengo un cajón lleno de juguetes», dijo con pena. "Mi niño, mi pequeño rey, se me murió cuando aún era muy pequeño.»

«Entonces, ¿te vienes con nosotros?», insistieron los pastores.
«Mañana, mañana», respondió Babushka con cierta desazón, «mañana». Los pastores salieron, y Babushka se puso a ordenar y limpiar. A la noche siguiente llegaron más pastores. «¿Estás preparada, Babushka?»
«Mañana... voy mañana», respondió Babushka. «Os alcanzo mañana. Tengo que limpiar, buscar un regalo, prepararme... »
Sacaba brillo, quitaba el polvo, sacudía cojines y alfombras. Y así pasó otra noche.

Finalmente, se decidió: revolvió entre los juguetes de su niño. Pero, !Señor, cuánto polvo! Ciertamente no eran los que se merecía un niño rey de cielo y tierra; pero empezó a limpiarlos. Trabajó mucho. Uno a uno los juguetes fueron cobrando color y brillo. Al cabo de otro día, partió. Iba deprisa. Preguntaba a la gente si había visto a los pastores. «Sí, sí, los hemos visto; iban hacia allá», le respondían.

Pasaron los días. Babushka no se paraba nunca, ni de día ni de noche. Por fin, llegó a Belén. Preguntó por el rey niño. Sólo el dueño de una posada supo darle razón. «Si quieres ver dónde estaba el niño, busca un establo en lo alto de la colina. Aquí no teníamos sitio para él. Mi posada estaba llena», le dijo.
Babushka corrió por el sendero arriba. Cuando llegó a la cima, vio que en el establo no había nadie.
¿Creéis que se desanimó? ¡Ni pensarlo! Se dice que Babushka sigue buscando al Niño Jesús, porque el tiempo no significa nada para quien busca la verdad. Año tras año va de casa en casa preguntando: «¿Está aquí? ¿Está aquí el Niño Jesús?».
Particularmente en Navidad, cuando ve a un niño durmiendo y oye hablar de sus buenas acciones, toma un regalo de su cesto y se lo deja. !Nunca se sabe!...

Sabe muy bien que todo niño, aunque no sea el Niño Jesús, es siempre una esperanza para la humanidad. ¡Y un gran regalo de Dios!