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domingo, 7 de marzo de 2010

Nuestro primer encuentro


Ya estamos de vuelta de la que es, hasta ahora, la mejor semana de nuestras vidas. Nuestro encuentro ha sido como si nos conociéramos de toda la vida. Nuestra preciosa hija, Vika (diminutivo de Victoria), nos iluminó la vida nada más entrar por la habitación, sonriente, con ojos muy vivos y llenos de alegría. Es maravillosa. Nada más entrar ya nos estaba sonriendo. En ese momento pensamos "Dios mio, ¿esta es mi niña, mi hija?". Lloré de alegría por dentro cuando me dio un tierno beso de agradecimiento en cuanto le di su peluche. Seguidamente se dirigió a su padre y le besó con tanta fuerza como diciéndole "os estaba esperando". Nos tiraba la pelota uno a uno a todos los que estábamos en la habitación. Cuando descubrió el pompero y las pompas que éste hacia se volvió como loca. Su cara es la de un ángel, a la vez pícara y muy muy dulce. Sus cuidadoras y las responsables del orfanato la quieren con locura. Nos la describieron como "una niña que ama la vida". Por eso se alegraron enórmemente de que sus papás fueran una pareja joven.

El encuentro con Simón fue pura ternura. La cuidadora lo traía en brazos, con los ojos muy abiertos , reflejando lo asustado que estaba. Lo cogí en mis brazos y nuestros corazones conectaron al segundo. Mi niño estaba esperándonos. Se agarraba con mucha fuerza y hacía amagos de pucherillos para echarse a llorar. Nos costó una hora que dejara de estar tenso y empezara a jugar con nosotros. A partir de ese momento no paró de reír y de jugar. Era la primera vez que alguien jugaba con él a la pelota. El peluche lo agarró con todas sus fuerzas como si se lo fueran a quitar. Le encantaba sentirse abrazado por su papá. Le echaba la cabecilla en el hombro, reflejando su pequeño y precioso rostro que se sentía protegido. No quería más que contacto con nosotros. Fue pura conexión de almas. Los tres nos abrazábamos a la vez y él se reía de felicidad. Al igual que su hermana, también está muy bien atendido y cuidado.

Estamos llenos de felicidad, flotando en una nube. Nuestros hijos nos han llenado la vida de luz. Nunca, ni en nuestros mejores sueños, nos hubiéramos imaginado unos hijos tan maravillosos y un encuentro con ellos tan perfecto, tan absolutamente feliz. Le damos gracias a Dios por habernos unido. Aún estando en la otra parte del mundo separados por tantos kilómetros. Llevábamos 50 horas sin dormir cuando conocimos a nuestros hijos, y todo el cansancio acumulado desapareció por arte de magia, dejando paso a un sentimiento de felicidad tan enorme, que sentíamos cómo se cerraba el círculo de nuestras vidas.

Ahora esperamos nos llamen pronto para celebrar el juicio y poder traerlos a casa. No han pasado más que dos días y ya no podemos vivir sin ellos. La casa está como vacía...